Extraña manera de reencontrarnos - La tercera es la vencida
En una ocasión un amigo me pidió acompañarle al seguro social de Beatriz, para ver a su pequeña hija recién nacida, eran casi las 9 de la noche y a esa hora era difícil entrar al lugar donde estaban los pacientes. Hablamos solo unos minutos con los vigilantes para poder tener acceso y uno de ellos amablemente nos permitió pasar, siempre que quien entrase, fuese una sola persona y el otro se quedará en la escalera. Como mi amigo era el interesado, accedimos sin ningún problema mientras yo esperaba, al pasar unos minutos, los pacientes que tuviesen movilidad, les era permitido andar por los pasillos, siempre que no molestaran a nadie y allí fue donde conocí a Darwin - Era un joven moreno, flaco, tenía algunas heridas debidas a un accidente de moto donde se fracturó la pierna y llegó con su muleta y el pie enyesado al sitio donde me encontraba -. Cuando tenía entre 20 y 25 años, todas mis conversaciones terminaban siendo sobre Dios, por alguna razón de mi inconsciente siempre buscaba una excusa para hablar del tema, fuese la biblia, Jesús o la historia del cristianismo, estamos hablando de la época que según mi apreciación, fue la más religiosa de mi vida y hablando con Darwin, no fue la excepción-. Tuvimos una charla donde yo trataba de explicarle mis puntos de vista y él me comentaba su visión un poco atea del mundo - y aunque nunca nos pusimos de acuerdo -, al terminar la charla, él me dio las gracias por conversar con él, dedicarle un poco de tiempo y esperaba encontrarnos a futuro, para seguir conversando. Pasaron quizá unos 6 o 9 meses, y este mismo amigo que fue padre por primera vez, un día aprovechando mi ánimo religioso de ese tiempo, me comentó: ¿qué tal si predicamos en hospitales? Siempre me ha dado pena hablar con personas desconocidas, pero a pesar de mi timidez, accedí - para mí era una gran idea -. Entonces, en dos semanas, estábamos caminando por los pasillos del hospital Pedro Emilio Carrillo, predicando la palabra de Dios. Tuvimos poca recepción, por nuestra manera de comunicarnos y el mensaje tan deficiente, antes de decidir visitar el lugar, no pensamos que debíamos decir, hablar, comunicar y a eso sumamos la timidez de hablar por primera vez con un desconocido, después nos mirábamos las caras y decíamos “Todo nos sirve para algo”, aunque la realidad fuese la poca preparación de nuestro discurso. Pero en uno de esos 4 o 5 días visitando el sitio, al pasar uno de los pasillos, escuche un grito desde el fondo de uno de los cuartos y una señorita saliendo que solo me dijo: el paciente de adentro, dice conocerte ¿puedes atenderle? Me acerqué sin saber quién era esta persona, y quedé muy sorprendido al notar que era Darwin, el mismo joven del accidente de moto de hace algunos meses, esta vez era paciente del hospital, por haber recibido un disparo de bala en la pierna. Mi compañero y yo, no lo podíamos creer, lo habíamos visto dos veces en todas nuestras vidas y las dos, fueron en un hospital. Él nos comentó lo sucedido, hablamos un rato y cuando nos fuimos a despedir nos comentó: Espero que nos veamos la próxima vez, en una mejor situación. Nos dio mucha risa el comentario, pero tratamos de disimular un poco, aunque su fin era ese, hacernos reír. Después de mucho tiempo, pasaron quizá 3 o 4 años y en Valera, existe un lugar de comida rápida llamado “Los Veteranos”, donde junto a mis amigos acostumbrábamos ir a comer en las noches, cada cierto tiempo, cuando estaba pagando, se me acerca una persona, caminaba un poco mal, pero se veía mucho mejor que las dos veces anteriores, solo que no le reconocía y me dice: ¿No te acuerdas de mí? Soy Darwin, la tercera es la vencida. Por alguna razón de la historia, la vida, de Dios, el universo o el simple ego de la casualidad, me encontré a esta persona solo tres veces en la vida, dos de ella en un hospital y una última, donde por fin, ya estaba sano, hablamos durante más de media hora y han pasado más de 15 años sin volver a verlo, hasta nuestros días.
Ilustración y escrito: Pablex 2vm

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